Tras el contundente revés electoral en la provincia de Buenos Aires, donde el oficialismo quedó muy por detrás del peronismo, la reacción del gobierno de Javier Milei no se hizo esperar. La derrota, que superó por mucho lo previsto en las encuestas, planteó una pregunta clave: ¿habrá una autocrítica y un cambio de estrategia en la Casa Rosada?
La autocrítica oficial: ¿más de lo mismo?
En un primer momento, el propio presidente Javier Milei reconoció la derrota, algo poco común en su discurso. «Hoy hemos tenido un claro revés electoral y hay que aceptarlo», afirmó. A su vez, el vocero presidencial, Manuel Adorni, señaló que el resultado daría lugar a un «profundo análisis» y una «profunda autocrítica» para corregir errores. Este reconocimiento, aunque tibio, generó expectativas.
Sin embargo, el mismo discurso de Milei y de sus principales funcionarios aclaró de inmediato un punto central: la autocrítica no implica un cambio de rumbo económico. «No se retrocede ni un milímetro en la política del gobierno, el rumbo no solo que se confirma sino que lo vamos a acelerar y profundizar», sentenció el mandatario, dejando claro que el ancla fiscal y el ajuste no se negocian.
En esa línea, la «autocrítica» se ha centrado más en el «cómo» que en el «qué». El análisis interno parece apuntar a falencias en la comunicación, la falta de un armado político territorial sólido y, quizás, a una «soberbia» inicial que impidió llegar a más votantes. Es decir, se admite que la estrategia falló, pero se ratifica que el fondo de la política es el correcto.
Análisis de la derrota y las claves para entenderla
La aplastante victoria del oficialismo provincial y la derrota de La Libertad Avanza no fue casual. Varios factores se conjugaron para generar este resultado:
● Impacto de la economía real: A pesar de la desaceleración de la inflación, los indicadores de actividad económica y el poder adquisitivo de los salarios y las jubilaciones no muestran una recuperación significativa. El «veranito» económico aún no llega a la mayoría de la gente, y el voto de castigo por la situación actual es una de las principales lecturas.
● La falta de anclaje político: A diferencia del peronismo que tiene una estructura territorial muy arraigada, el gobierno de Milei carece de un aparato político que sostenga los votos más allá del «fenómeno» del líder. La falta de intendentes y militancia organizada se hizo sentir en la fiscalización y la movilización de votantes.
● El factor de la corrupción: Los recientes escándalos que salpican al entorno presidencial, vinculados a la Agencia Nacional para la Discapacidad, afectaron la imagen del Gobierno, que había prometido «terminar con la casta». Este factor, sumado al contexto económico, fue un combo letal para el voto.
● La participación electoral: Un porcentaje significativo de votantes que apoyó a Milei en
el balotaje no fue a votar en estas elecciones locales, lo que demuestra que el «fenómeno» Milei no se traslada a la misma escala a elecciones intermedias.
¿Qué debería hacer el gobierno ahora?
La derrota electoral deja al Gobierno de Milei en una encrucijada. Si bien ratifica su rumbo económico, el resultado evidencia la necesidad de un cambio de estrategia política. Los analistas coinciden en que el Gobierno debería:

  1. Construir un andamiaje político real: Dejar de depender únicamente del factor «Milei» y generar acuerdos con sectores políticos que compartan su agenda. Para poder sacar leyes y gobernar, necesita una mayoría parlamentaria, y la derrota en Buenos Aires evidencia que está muy lejos de lograrla.
  2. Moderar el discurso confrontacional: La polarización constante puede ser efectiva para una campaña, pero desgasta al gobernar. El resultado electoral podría ser un llamado de atención para buscar acuerdos, especialmente con gobernadores y referentes de la oposición «dialoguista».
  3. Acelerar la llegada de la macroeconomía a la microeconomía: De nada sirve el equilibrio fiscal si la gente no lo siente en su bolsillo. El desafío más grande es generar las condiciones para que la recuperación económica, si se produce, llegue de manera tangible a la vida de la clase media y los sectores más vulnerables.
    En síntesis, la respuesta del Gobierno hasta ahora es: «sí a la autocrítica, no al cambio de rumbo». Esto augura días de alta tensión con la oposición, que ya se siente fortalecida, y una continuidad en la gestión que, según los resultados, aún no convence a la mayoría de la sociedad.

Por Wenceslao Alvarez de Toledo

Abogado especialista en Derecho Sindical, Laboral Individual y Colectivo. Toda una vida dedicada al Sindicato y a los Trabajadores.

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