Con el 99% de las mesas escrutadas, las elecciones legislativas en la provincia de Buenos Aires del pasado 7 de septiembre han dejado un resultado categórico: el peronismo, bajo la alianza «Fuerza Patria», se impuso con una diferencia abrumadora, asestando un duro golpe al oficialismo de La Libertad Avanza. El triunfo no solo consolida el poder del gobernador Axel Kicillof, sino que también genera un profundo interrogante sobre el futuro político del gobierno nacional.

Una paliza en las urnas: Los números de la derrota
Los datos oficiales son lapidarios. «Fuerza Patria» obtuvo más del 47% de los votos, mientras que La Libertad Avanza apenas superó el 33%, una diferencia de más de 13 puntos. Este resultado se tradujo en una victoria peronista en seis de las ocho secciones electorales y en más de 95 de los 135 municipios bonaerenses, una demostración de fuerza territorial inobjetable. La coalición oficialista, que incluyó la fusión con el PRO, solo logró imponerse en distritos puntuales como Vicente López, San Isidro, Pinamar y Bahía Blanca, lo que demuestra la falta de un respaldo masivo en el principal bastión electoral del país.

Los responsables de la caída: una tormenta perfecta
La estrepitosa caída de La Libertad Avanza en la provincia más poblada del país no puede atribuirse a una única causa, sino a una combinación de factores que culminaron en un revés electoral sin precedentes para un gobierno en ejercicio.

  1. El «efecto motosierra» y la gestión: El costo del ajuste. A diferencia de las elecciones de 2023, donde Milei cosechó un voto masivo como un «outsider» contra el statu quo, esta elección se convirtió en un plebiscito de su gestión. La dura política de ajuste económico, el deterioro del salario real y el aumento de la pobreza y la indigencia impactaron de lleno en los sectores más vulnerables de la provincia, especialmente en el conurbano, donde el peronismo hizo la mayor diferencia. El «antimileísmo» se instaló con más fuerza que el «antikirchenrismo» en el sentimiento popular.
  2. El escándalo de los audios: La mancha de la corrupción. La difusión, días antes de la elección, de audios que involucraban a la hermana del Presidente, Karina Milei, y a otros funcionarios cercanos, en presuntos manejos irregulares y denuncias de coimas, fue un golpe directo a la línea de flotación de un gobierno que se presentaba como incorruptible. El «Karinagate», como se lo denominó en algunos medios, generó una profunda decepción entre los votantes libertarios que confiaron en el discurso de la «casta» y la transparencia. Si bien algunos analistas especulaban con un aumento del ausentismo, el resultado final sugiere que hubo un voto de castigo directo, un mensaje de «traición» de un sector del electorado.
  3. Los errores de la conducción política. La falta de un armado político sólido y la centralización del poder en un círculo reducido alrededor del Presidente y su hermana, con la mirada puesta en figuras como Martín y Lule Menem, se evidenció como un fracaso en la campaña. La nula territorialidad, la dependencia de la imagen presidencial y la falta de candidatos arraigados en los distritos fueron debilidades que el peronismo supo capitalizar.

La motosierra, mal apuntada
Uno de los principales ejes de la campaña presidencial de Javier Milei fue la promesa de que el ajuste lo pagaría la casta. Sin embargo, la realidad de los hechos ha mostrado un camino diferente. Mientras los senadores, por ejemplo, mantienen sus salarios por encima de los 10 millones de pesos y la clase política no ha visto recortes significativos en sus privilegios, la motosierra del Gobierno ha apuntado con ferocidad contra los sectores más vulnerables de la sociedad. Los trabajadores, jubilados y personas con discapacidad han sido quienes han sufrido de manera directa los embates de la política de ajuste, con recortes en sus ingresos, pensiones y programas sociales. Este desvío de la promesa original generó una fractura en el vínculo de confianza con el electorado, que vio cómo el sacrificio no se distribuía de manera equitativa, sino que recaía sobre los hombros de quienes menos tienen.

Análisis crítico: El gobierno ante el espejo
La «clara derrota», como la definió el propio Javier Milei, exige una profunda autocrítica que va más allá de un simple análisis de los votos. El mensaje de las urnas es rotundo y multifacético. No se trata solo de un revés político, sino de una señal de alarma social que el gobierno no puede ignorar. Aunque el Presidente ha manifestado su intención de «acelerar» el rumbo y «no retroceder ni un milímetro» en sus políticas, la realidad es que el resultado bonaerense lo deja en una posición de extrema debilidad para las elecciones nacionales de octubre. El fracaso en la provincia, que concentra el 40% del padrón, demuestra que su modelo no es exportable sin un costo social y político altísimo.
El gobierno enfrenta ahora un dilema crucial. Si bien ha logrado bajar la inflación, el «modelo» que defiende no ha demostrado ser sostenible sin un deterioro de la calidad de vida de la mayoría de la población. La derrota en las urnas es una clara advertencia de que la paciencia social tiene un límite. La autocrítica que el Presidente prometió debe ser honesta y profunda.
De no ser así, la «paliza» sufrida en Buenos Aires podría ser solo el anticipo de una derrota aún mayor en el futuro.

Por Wenceslao Alvarez de Toledo

Abogado especialista en Derecho Sindical, Laboral Individual y Colectivo. Toda una vida dedicada al Sindicato y a los Trabajadores.

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