El titular de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), Abel Furlán, ha vuelto a alzar la voz en un contexto de creciente preocupación por el futuro del sector industrial. Sus recientes declaraciones, que se suman a una serie de advertencias previas, denuncian un «proceso de desindustrialización acelerada» que estaría provocando el cierre masivo de pequeñas y medianas empresas (pymes) y la pérdida de miles de puestos de trabajo.
Según Furlán, la política económica actual, caracterizada por la apertura indiscriminada de importaciones y la caída del consumo interno, está golpeando con particular dureza a las pymes, que, de acuerdo con el sindicato, constituyen el 85% de las empresas que representa la UOM. Estas empresas, que suelen tener entre 3 y 20 trabajadores, son las que más se resienten ante la falta de demanda y la competencia desleal de productos importados. En sus propias palabras, «cada container con productos terminados que entra es una pyme que cierra».
La radiografía de la crisis
Los datos que maneja el gremio son alarmantes y reflejan una situación crítica. La UOM ha contabilizado la pérdida de casi 30.000 puestos de trabajo en el sector metalúrgico en lo que va del año. Esta cifra se alinea con informes de otras organizaciones como la Confederación de Sindicatos Industriales, que agrupa a gremios como la UOM y SMATA, y que a fines del año pasado ya advertía sobre el cierre de más de 2.300 empresas del sector, la mayoría pymes.
El panorama se agrava con la recesión del mercado interno, que según el líder sindical, ha provocado que muchas pymes ya no tengan qué producir. Esto, sumado a la falta de homologación de acuerdos paritarios y las dificultades para sostener los salarios, pone a estas empresas en una encrucijada que las empuja a tomar decisiones drásticas.
El modelo económico en el banquillo
Furlán y otros dirigentes gremiales señalan directamente al actual modelo económico como el responsable de la crisis. Critican la visión que busca corregir el déficit fiscal y la inflación a costa de la recesión, argumentando que no hay un plan para generar crecimiento y empleo. El dirigente de la UOM ha remarcado que el Gobierno está «desguazando» el entramado productivo del país y que la falta de protección a la industria nacional es una política que va «a contramano del mundo», donde incluso países como Estados Unidos están reforzando la protección de su producción.
La situación ha generado tensiones no solo con el Poder Ejecutivo, sino también dentro del propio movimiento obrero. Furlán ha manifestado su descontento con la falta de acciones concretas de la CGT, a la que le ha reclamado un plan de lucha más contundente para resistir el modelo actual.
A pesar de este sombrío panorama, Furlán celebró una inversión de 300 millones de dólares de una siderúrgica para la construcción de una nueva planta, calificando la iniciativa como «audaz» en un contexto tan desafiante. Sin embargo, enfatizó que este tipo de proyectos son la excepción y que la tendencia generalizada es la de empresarios que optan por convertirse en importadores en lugar de invertir en producción local.
La advertencia de la UOM no solo pone de manifiesto la difícil situación de los trabajadores metalúrgicos y las pymes del sector, sino que también reaviva el debate sobre el modelo de desarrollo productivo que la Argentina debe seguir en los próximos años
