La Confederación General del Trabajo (CGT) transita días de fuerte efervescencia interna, marcada por un profundo descontento ante la escasa o nula inclusión de dirigentes sindicales en las listas de candidatos del frente oficialista Fuerza Patria para las próximas elecciones legislativas en la provincia de Buenos Aires. Esta situación ha generado un cimbronazo en la alianza peronista, evidenciando las tensiones de una unidad alcanzada in extremis, pero que deja a importantes sectores gremiales con un sabor amargo.
El epicentro de las quejas se manifestó en una reciente reunión ampliada de la «mesa chica» de la CGT, celebrada en la sede de la UOCRA, donde cerca de cuarenta referentes gremiales hicieron catarsis sobre la situación política y socioeconómica. La principal preocupación, según trascendió, es la ausencia de representantes sindicales entre los treinta principales candidatos en las nóminas bonaerenses, una exclusión que el sector considera inaceptable. «De los 30 candidatos principales no tuvimos ni uno», graficó un dirigente presente en el encuentro.
Si bien la cúpula cegetista había mantenido reuniones previas con el gobernador Axel Kicillof para expresarle su respaldo al proyecto político, las expectativas de una participación significativa en las listas provinciales se vieron frustradas. Fuentes cercanas a las negociaciones indicaron que Kicillof habría anticipado la posibilidad de incluir a un único dirigente sindical en las listas de diputados nacionales para las elecciones del 26 de octubre, pero no así para las de la provincia de Buenos Aires. Esta omisión, a pesar del apoyo gremial al oficialismo, ha reavivado viejas heridas y ha puesto en tela de juicio la capacidad de la conducción actual de la CGT para garantizar espacios políticos a sus representados.
La situación no es nueva. Algunos líderes sindicales recordaron que en 2023 se vivió una coyuntura similar, que en aquel entonces se «resolvió» públicamente con el respaldo de la central obrera a la candidatura de Sergio Massa. Sin embargo, la repetición de este escenario ha encendido las alarmas y ha llevado a voces críticas dentro de la CGT a demandar un «cambio de rumbo» y una postura más activa frente a la «actitud pasiva» de la actual conducción. Dirigentes como Juan Carlos Schmid (Dragado y Balizamiento) y Noe Ruiz (Modelos) manifestaron la necesidad de un mayor debate interno para que el peronismo «nos contenga a todos».
A pesar del fuerte malestar, la CGT ha ratificado su apoyo electoral al frente Fuerza Patria y se ha comprometido a movilizar su estructura para las próximas elecciones. Paralelamente, la mesa chica de la central obrera confirmó su adhesión a la tradicional marcha de San Cayetano, prevista para el 7 de agosto, una movilización que se proyecta como una demostración de fuerza del movimiento obrero frente al Gobierno, asociada a los reclamos por más empleo. Además, se decidió avanzar con el congreso para la renovación de autoridades de la CGT, un proceso que seguramente estará signado por estas tensiones internas y la búsqueda de una mayor incidencia política.
El cierre de listas bonaerenses, que se concretó de manera casi agónica tras intensas negociaciones y una prórroga de la Junta Electoral por cortes de luz, ha dejado a un peronismo con una «unidad frágil». Si bien se logró cohesionar las tres corrientes principales —La Cámpora, el sector del gobernador Kicillof con intendentes del conurbano y el Frente Renovador de Sergio Massa—, el descontento gremial se suma a una lista de disconformidades que atraviesan diferentes estamentos de la coalición.
La contienda electoral en la provincia de Buenos Aires se presenta polarizada y encarnizada, con una oposición que también define sus estrategias. En este contexto, la voz de la CGT, aunque disconforme con su lugar en las listas, sigue siendo un actor fundamental en el escenario político y social de la provincia. La pelota está ahora en el campo de la dirigencia peronista para atender estos reclamos y evitar que el malestar sindical se traduzca en un impacto negativo en las urnas.
