La Confederación General del Trabajo (CGT) concluyó su Congreso Nacional Ordinario con la ratificación de la conducción colegiada, una decisión que, si bien mantuvo la unidad de los principales sectores, generó una ruptura de alto impacto político y gremial: la Unión Tranviarios Automotor (UTA), uno de los sindicatos con mayor capacidad de movilización, se retiró del cónclave y anunció que no integrará la nueva conducción.
El congreso, celebrado en medio de intensas negociaciones internas y con la sombra de las reformas laborales del Gobierno, reeligió el modelo de triunvirato que regirá los destinos de la central obrera hasta 2029.
La Nueva Cúpula y la Derrota del «Unicato»
Tras una votación que se inclinó por el modelo colegiado, se proclamó a la nueva cúpula conformada por:
● Octavio Argüello (Camioneros, sector Hugo Moyano).
● Cristian Jerónimo (Sindicato del Vidrio).
● Jorge Sola (Sindicato del Seguro).
La ratificación del triunvirato representó la derrota de la postura que impulsaban sectores como los «Gordos» y los gremios del transporte (entre ellos la UTA y parcialmente La Fraternidad), quienes reclamaban el retorno al unicato, con un único Secretario General al frente de la CGT, argumentando que el esquema de tres cabezas «ha fracasado» en los últimos mandatos.
El Impacto de la Salida de la UTA
El hecho más relevante de la jornada fue la decisión de la UTA, liderada por Roberto Fernández, de retirarse del Congreso. La posición de Fernández no solo se fundamentó en el rechazo al modelo colegiado, sino en la abierta crítica a los integrantes electos.
En declaraciones a la prensa, el titular de la UTA explicó su decisión con dureza:
«Estoy de acuerdo con la unidad, no con tres secretarios generales. Pero lamentablemente, mi idea y la de otros compañeros no resultó. Además, cuestiono a uno de los tres secretarios; ha hecho daño a la organización. Hay otro secretario que también lo ha hecho. No podemos acompañar a una CGT con esa clase de compañeros, no me siento representado», afirmó Fernández, en una referencia velada a Cristian Jerónimo, a quien responsabiliza de estar detrás de un violento ataque a la sede de la UTA en 2019.
Aunque el dirigente aclaró que la UTA «nunca se va de la CGT» en términos de pertenencia, la decisión implica un distanciamiento de la nueva conducción y, sobre todo, una merma en el poder de fuego de la central. Sin el sindicato de los colectiveros, la capacidad de la CGT para convocar y garantizar un paro general efectivo se ve notablemente debilitada, un factor clave en el actual escenario de confrontación con el Poder Ejecutivo.
El Desafío Inmediato: La Reforma Laboral
El nuevo triunvirato asume con un desafío central e ineludible: la ofensiva del Gobierno nacional por impulsar un paquete de reformas laborales, tributarias y previsionales que el mundo sindical ya ha calificado como un intento de «quita de derechos».
En este contexto, la conducción tripartita deberá demostrar rápidamente su capacidad de:
- Mantener la unidad interna a pesar del quiebre con un sector clave como la UTA.
- Definir una estrategia clara de diálogo o confrontación con la administración de Javier Milei, especialmente cuando la reforma laboral ingrese al Congreso para su debate en sesiones extraordinarias.
Dirigentes como Héctor Daer (quien pasará de co-secretario general a la Secretaría de Interior) y José Luis Lingeri (Obras Sanitarias, a cargo de Acción Social) mantendrán un rol clave en la mesa chica, buscando articular una respuesta sindical que equilibre la defensa de los derechos adquiridos y la necesidad de mantener cierta vía de diálogo institucional.
