El mercado laboral argentino está experimentando una profunda reconfiguración bajo la administración del Presidente Javier Milei, marcada por el aumento del pluriempleo, la expansión del trabajo a través de plataformas digitales y una creciente precarización de las condiciones laborales. La caída sostenida del poder adquisitivo y la estagnación del empleo formal empujan a millones de trabajadores a buscar múltiples ocupaciones para subsistir en un escenario económico desafiante.
Datos recientes del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP), que dirige el economista Claudio Lozano, basados en microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC, revelan que el pluriempleo alcanzó el 12,4% del empleo total al cierre de 2024. Esto significa que alrededor de 2,4 millones de argentinos se ven obligados a tener más de un empleo para llegar a fin de mes. Este fenómeno, caracterizado por la proliferación de «trabajadores pobres», se ha profundizado notablemente, pasando del 10,8% en 2019 al 11,6% al finalizar el mandato anterior, y acelerándose con las políticas actuales.
La principal razón detrás de esta tendencia es la drástica pérdida del poder adquisitivo. Mientras que en 2017 un asalariado registrado del sector privado ganaba el equivalente a 100.000 pesos, hoy recibe 81.000 pesos. La situación es aún más crítica para los asalariados del sector público, que perciben el equivalente a 67.000 pesos, y los trabajadores informales, que solo alcanzan los 66.000 pesos. Un tercio de la pérdida salarial de los trabajadores estatales se ha producido durante la presidencia de Milei, según el informe «Cuando el trabajo vuelve a ser la lucha por la subsistencia».
En este contexto de búsqueda de ingresos adicionales, el trabajo a través de plataformas digitales como Rappi y PedidosYa ha ganado un protagonismo significativo, consolidándose como un «refugio» para muchos. El crecimiento de trabajadores independientes y asalariados informales en sectores como la gastronomía y la movilidad sugiere la expansión de esta modalidad. Sin embargo, analistas advierten que, si bien estas plataformas amortiguan transitoriamente el aumento de la desocupación, no alcanzan ni podrían contener toda la demanda de ocupación e ingresos adicionales, consolidando y profundizando la precariedad del mercado laboral.
La calidad del empleo es una preocupación central. Aunque la tasa de desocupación fue del 6,2% al inicio del gobierno de Milei (uno de los valores más bajos desde 2015), la realidad es que un 28,4% de los ocupados están «sobreocupados» (trabajando 45 horas o más a la semana), y un 7,4% son «subocupados demandantes» (trabajando menos de 35 horas, pero deseando trabajar más por ingresos insuficientes). Además, se estima que el 42% de los trabajadores argentinos se encuentran en la informalidad, lo que implica menos derechos y mayor vulnerabilidad.
La Ley Bases, impulsada por el Gobierno, propone figuras laborales más flexibles y tercerizadas, lo que, según voces críticas, podría acentuar aún más la precarización. Muchos emprendimientos cierran y la gente recurre a «changas» para sobrevivir, una clara señal de la fragilidad del entramado productivo y laboral.
En síntesis, el «mapa laboral en la Argentina de Milei» muestra un panorama complejo: un alto nivel de empleo, pero con una calidad deteriorada, ingresos en declive y una creciente necesidad de recurrir a múltiples trabajos para afrontar el costo de vida. En este «Día del Trabajador», Argentina transita un modelo laboral que, para muchos, reparte más penurias que derechos, convirtiendo el trabajo en un sacrificio y la estadística en un relato que esconde una profunda realidad de pauperización.
