Detrás de las cifras de empleo del INDEC se esconde una crisis silenciosa que amenaza con derribar uno de los pilares del modelo sindical argentino: el sistema de salud solidario. La caída del empleo asalariado registrado y el crecimiento explosivo del cuentapropismo precario están generando un agujero fiscal en las Obras Sociales que, de no corregirse, llevará al sistema a un punto de no retorno.

El aporte que se evapora

El sistema de obras sociales se basa en el principio de solidaridad distributiva, donde el aporte del 3% del trabajador y el 6% de la contribución patronal sobre el salario bruto sostienen la cobertura de todo el grupo familiar. Sin embargo, este esquema depende de una condición básica: la existencia de un recibo de sueldo en blanco.

Con el aumento de la informalidad (43,3%), el sistema pierde millones de aportantes potenciales. Cada trabajador «en negro» es un trabajador que utiliza el sistema de salud pública, saturándolo, o que queda desamparado, pero que fundamentalmente no contribuye al fondo común que permite financiar tratamientos de alta complejidad y medicamentos de alto costo.

El «techo» del monotributo

El gobierno resalta el crecimiento del empleo independiente, pero para las Obras Sociales, el monotributista representa a menudo una pérdida operativa. Mientras que un trabajador bajo convenio aporta un porcentaje de su salario (que escala con las paritarias), el componente de salud del monotributo es una suma fija que ha quedado históricamente rezagada frente a la inflación médica.

Hoy, el costo de las prestaciones básicas (PMO) supera ampliamente lo que un monotributista aporta al sistema. Esto genera que las Obras Sociales Sindicales deban subsidiar a estos trabajadores con los aportes de los empleados en relación de dependencia, un grupo que, como vimos, es cada vez más reducido.

La Ley 27.742 y el «Fondo de Cese»: ¿El fin de la contribución solidaria?

Uno de los puntos más críticos de la reforma laboral del último año es la implementación optativa del Fondo de Cese Laboral en reemplazo de las indemnizaciones. Este cambio no solo afecta la estabilidad del trabajador, sino que altera la base de cálculo de las contribuciones.

Pero el golpe de gracia lo da la eliminación de las multas por trabajo no registrado. Antes, cuando un sindicato o un trabajador lograba el blanqueo mediante una sentencia o un acuerdo, el empleador debía abonar los aportos omitidos a la seguridad social y a la obra social por todo el tiempo que duró la irregularidad. Con la Ley de Bases, ese «incentivo» al pago retroactivo desapareció. El empleador que evadió durante años ahora recibe una suerte de amnistía de hecho, privando a la Obra Social de fondos genuinos que ya deberían estar en sus arcas.

El desfinanciamiento del sistema solidario

El panorama para el 2026 se presenta sombrío para los consejos directivos de los gremios. Al haber menos trabajadores en blanco y sueldos que pierden contra la inflación médica (insumos dolarizados, prótesis y medicación oncológica), la ecuación financiera no cierra.

La desregulación que permite a los trabajadores derivar aportes directamente a prepagas desde el inicio de la relación laboral ha profundizado el «descreme» del sistema: las prepagas se quedan con los jóvenes de altos ingresos, mientras que las Obras Sociales Sindicales retienen a los trabajadores de menores salarios, a los jubilados y a los pacientes con enfermedades crónicas.

Un modelo en jaque

La baja en la desocupación que informa el INDEC es, en realidad, un proceso de sustitución de empleo de calidad por empleo de supervivencia. Para el sindicalismo, esto no es solo una derrota en términos de derechos laborales, sino una amenaza existencial a su capacidad de gestión de salud. Sin aportantes genuinos en relación de dependencia, el modelo de seguridad social tal como lo conocemos en Argentina corre el riesgo de convertirse en una cáscara vacía.

Por Wenceslao Alvarez de Toledo

Abogado especialista en Derecho Sindical, Laboral Individual y Colectivo. Toda una vida dedicada al Sindicato y a los Trabajadores.

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