En medio de una profunda crisis de ventas y rentabilidad, la cadena francesa de supermercados confirmó su intención de vender sus activos en el país. El Sindicato de Empleados de Comercio se declara en alerta, mientras que los grandes jugadores del retail local ya se mueven para quedarse con el botín.

El fantasma del retiro de una de las cadenas de supermercados más grandes del mundo se ha materializado en un proceso formal de venta. Carrefour, la empresa de origen francés que llegó a la Argentina en 1982, ha iniciado un proceso de búsqueda de comprador para sus 700 sucursales, dejando en el limbo a más de 17.000 trabajadores y encendiendo las alarmas en el movimiento obrero.
La noticia, que circulaba como un rumor, se oficializó ante el Ministerio de Trabajo, donde la empresa presentó un Proceso Preventivo de Crisis (PPC). Este mecanismo, contemplado en la Ley de Contrato de Trabajo, es el paso previo que una empresa debe dar si planea despidos o suspensiones masivas por motivos económicos. Con este movimiento, Carrefour busca una mesa de diálogo con el Gobierno y el Sindicato de Empleados de Comercio (SEC) para negociar las condiciones de su salida o de una eventual venta.
¿Por qué se va de la Argentina? Radiografía de una crisis
La decisión de la casa matriz de Carrefour responde a una combinación de factores internos y externos. Según sus propios comunicados y análisis económicos, la filial argentina arrastra tres años de pérdidas, lo que genera un «impacto financiero negativo» que contrasta con el crecimiento que la compañía experimenta en mercados más estables como Francia, Brasil o España.
Entre los principales motivos que explican esta crisis se encuentran:
● Caída del consumo: El contexto macroeconómico, con alta inflación y pérdida del poder adquisitivo de los salarios, ha golpeado directamente las ventas en el sector supermercadista.
● Competencia feroz: El mercado argentino está fragmentado y es altamente competitivo, con jugadores locales fuertes como Coto, el Grupo De Narváez y La Anónima, además del avance de cadenas de descuento y de pequeños comercios de cercanía.
● Inestabilidad regulatoria: La constante variación de las reglas de juego, los altos costos laborales y la presión fiscal en un mercado complejo han llevado a la cúpula francesa a considerar a la filial argentina como «no estratégica».
Las espadas sobre los trabajadores
La mayor preocupación, y el principal «quilombo», se centra en el futuro de los 17.000 trabajadores de la compañía. La presentación del PPC activó una luz de alarma inmediata en el SEC, el gremio que los nuclea. El sindicato, liderado por Armando Cavalieri y por el subsecretario Carlos Pérez, ya ha declarado que defenderá cada uno de los puestos de trabajo.
Fuentes sindicales han advertido que, más allá de la venta, la lucha no es solo por evitar los despidos, sino por asegurar que los derechos laborales se mantengan en caso de que un nuevo dueño se haga cargo de las operaciones. En un precedente cercano, cuando el Grupo De Narváez compró Walmart en 2020, se logró garantizar la continuidad de la mayoría del personal bajo el mismo convenio colectivo. El SEC espera replicar esa estrategia y ya se ha puesto en estado de alerta ante cualquier movimiento.
¿Quiénes son los posibles compradores?
El anuncio de venta desató una puja entre los grandes jugadores del retail. Los principales candidatos para quedarse con los activos de Carrefour, que incluyen tanto grandes hipermercados como locales Express, son:
● Alfredo Coto: Dueño de la cadena Coto, líder del mercado local. Una adquisición de este tipo consolidaría aún más su posición dominante, sumando la presencia territorial de Carrefour.
● Grupo De Narváez (GDN): Liderado por Francisco De Narváez, con experiencia en adquisiciones de grandes cadenas como la de Walmart, a la que transformó en la exitosa Chango Más.
● Klaff Realty LP: Un fondo de inversión estadounidense con experiencia en el mercado de retail.
Las consecuencias: Un impacto que trasciende la empresa
La salida de Carrefour no solo afectaría a los trabajadores de la cadena. Si no se logra una continuidad, la pérdida de 17.000 empleos directos tendría un efecto cascada sobre el mercado laboral, impactando en proveedores, logística y otros servicios.
Además, una eventual venta podría llevar a una mayor concentración en el mercado de supermercados, algo que podría perjudicar a los consumidores con menos ofertas y precios más altos. La atención, por ahora, está puesta en las negociaciones entre la empresa, el sindicato y el gobierno, con la esperanza de que el “quilombo” termine con un acuerdo que preserve las fuentes de trabajo.

Por Wenceslao Alvarez de Toledo

Abogado especialista en Derecho Sindical, Laboral Individual y Colectivo. Toda una vida dedicada al Sindicato y a los Trabajadores.

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