La pulseada por el control de la Confederación General del Trabajo (CGT) se acelera, a tan solo semanas del Congreso Nacional Ordinario previsto para noviembre de 2025, fecha límite para la renovación de la cúpula. Este proceso no es una simple formalidad; es la madre de todas las batallas gremiales que definirá la estrategia del sindicalismo argentino frente al ciclo político actual, marcado por las políticas de ajuste del Gobierno. La rosca se centra en un enfrentamiento ideológico y de poder entre dos grandes sectores bien definidos: los «dialoguistas» y los «combativos».

La Grieta Ideológica en la Conducción Colegiada
La actual dirección de la CGT, nacida del acuerdo de 2021, está integrada por un triunvirato con perfiles contrapuestos que ahora buscan imponer su agenda. La reciente renuncia de Pablo Moyano como cosecretario general expuso la fragilidad de esta convivencia y aceleró las negociaciones subterráneas para redefinir el poder.
El principal interrogante es si la central obrera mantendrá su conducción colegiada como mecanismo de contención de las distintas «tribus» o si se inclinará por la figura de un Secretario General único, lo que concentraría el poder y significaría una victoria de un sector sobre el otro.

El Sector Dialoguista: La Estrategia del Acuerdo
El bloque «dialoguista», heredero de las posturas históricamente «moderadas» y representativo de los denominados «Gordos» e «independientes», aboga por continuar la línea de negociación permanente con el Gobierno nacional. Su estrategia se basa en sostener la unidad sindical como una herramienta de presión, pero activando planes de lucha solo en dosis controladas, privilegiando la defensa de los convenios colectivos y la gestión de las obras sociales.
Entre sus principales referentes se encuentran Héctor Daer (Sanidad), la voz más influyente en la mesa chica, quien insiste en que el diálogo es la vía para preservar los derechos en un contexto adverso. Lo acompañan dirigentes clave como Andrés Rodríguez (UPCN), con fuerte peso en la administración pública, y Armando Cavalieri (Comercio), que representa al gremio con mayor cantidad de afiliados y un peso económico decisivo, todos alineados en buscar la estabilidad paritaria a través de la negociación.

El Sector Combativo: La Apuesta por la Lucha
En la vereda opuesta se ubica el sector «combativo», cuya figura más visible es Pablo
Moyano (Camioneros). Esta corriente considera que las políticas de ajuste fiscal y tope salarial impuestas por la cartera económica clausuraron la vía del entendimiento, haciendo inevitable la confrontación. Este bloque presiona para que la CGT abandone la cautela y se convierta en un motor activo de la oposición política.
Los combativos, que suelen articularse con sectores de la CTA y movimientos sociales, exigen la convocatoria a nuevos paros generales y movilizaciones masivas para romper el «techo» salarial y frenar cualquier intento de reforma laboral que recorte derechos. Acompañan esta postura Sergio Palazzo (Bancarios) y otras corrientes gremiales que han visto una merma en el poder adquisitivo de sus afiliados y que solo conciben la respuesta a la crisis mediante la acción directa y la movilización en las calles.
El Congreso de noviembre, por lo tanto, será mucho más que una elección de nombres; definirá si el sindicalismo argentino se sienta a la mesa a negociar lo que queda o si se para de frente para resistir la política económica hasta sus últimas consecuencias.

Por Wenceslao Alvarez de Toledo

Abogado especialista en Derecho Sindical, Laboral Individual y Colectivo. Toda una vida dedicada al Sindicato y a los Trabajadores.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *