En una semana aciaga para el oficialismo, la Cámara de Diputados y el Senado rechazaron los vetos presidenciales a leyes clave. El revés por el financiamiento del Hospital Garrahan, las universidades y los Aportes del Tesoro Nacional (ATN) expone la fragilidad de un gobierno que se aferra al déficit cero y choca con la realidad política.

El gobierno de Javier Milei atraviesa su momento de mayor debilidad parlamentaria y política. En un lapso de 48 horas, el Congreso de la Nación, con un contundente apoyo de la oposición y de ex aliados, le asestó una triple derrota que deja al Poder Ejecutivo sin margen de maniobra y expone la dura realidad de su soledad política.
El pasado miércoles, la Cámara de Diputados rechazó con una mayoría aplastante los vetos presidenciales a dos leyes cruciales: la que declaraba la emergencia en pediatría y garantizaba el financiamiento del Hospital Garrahan, y la que aseguraba la actualización de los presupuestos universitarios por inflación. Lejos de la retórica de la “casta”, los legisladores lograron una mayoría de dos tercios para insistir con ambas iniciativas.
Solo 24 horas después, el Senado de la Nación completó la faena. Con 59 votos a favor y apenas 9 en contra, la Cámara alta tumbó el veto presidencial a la ley que establece el reparto automático y diario de los Aportes del Tesoro Nacional (ATN) entre las provincias. Una bofetada directa al corazón de la estrategia de la Casa Rosada de disciplinar a los gobernadores a través de la discrecionalidad de los fondos.
¿Qué dicen las leyes y por qué Milei las vetó?
Las tres leyes rechazadas por el Ejecutivo tienen un común denominador: todas implican una inyección de recursos a sectores que el Gobierno busca desfinanciar en su obsesión por el “déficit cero”.

  1. Ley de Emergencia del Hospital Garrahan: Esta norma busca garantizar una recomposición salarial para los trabajadores de la salud y proveer fondos extraordinarios para el principal hospital pediátrico del país. El veto de Milei se justificó en que la ley “genera un aumento desmedido e irresponsable del gasto público” y pone en riesgo el equilibrio fiscal, argumento que el gobierno repite de forma dogmática. Sin embargo, gremios como ATE y la Asociación de Profesionales y Técnicos del Hospital Garrahan (APyT) han denunciado la renuncia masiva de médicos y el deterioro de la atención por la falta de recursos, un reclamo que caló hondo en la opinión pública.
  2. Ley de Financiamiento Universitario: La norma propone actualizar el presupuesto de las universidades nacionales por el Índice de Precios al Consumidor (IPC) y reabrir la paritaria de docentes y no docentes, quienes han visto caer drásticamente el poder de compra de sus salarios. Al igual que con el Garrahan, el veto presidencial se basó en que esta ley atenta contra la disciplina fiscal. Sin embargo, la movilización estudiantil y docente, junto con los rectores, logró una cohesión que puso contra las cuerdas al oficialismo.
  3. Ley de Aportes del Tesoro Nacional (ATN): Esta es quizá la derrota más significativa en términos de poder político. Los ATN son fondos de asistencia a las provincias que,
    bajo la gestión de Milei, fueron utilizados de forma discrecional para premiar o castigar a los gobernadores. La ley vetada establecía la distribución automática de esos fondos, quitándole al Ejecutivo una herramienta de presión. La negativa de Milei se centró en que los gobernadores, según su visión, “quieren vivir de la nuestra”. La insistencia del Congreso muestra que las provincias, hartas de los recortes y la subejecución de estos fondos, decidieron no ser más rehenes de la Casa Rosada.
    La lectura política de la triple derrota
    El contundente rechazo a los vetos no es solo una cuestión de números legislativos. Es, sobre todo, una profunda lectura política de la situación actual. La derrota del oficialismo en las recientes elecciones de la provincia de Buenos Aires, donde la estrategia de Milei de nacionalizar una elección local y confrontar con la «casta» no funcionó, demostró que el apoyo popular al ajuste tiene un límite.
    La oposición, que hasta hace poco se mostraba fragmentada, encontró en la defensa de la salud, la educación y los recursos provinciales un vector de unidad y un tema de consenso social. Los gobernadores, incluso los que alguna vez se mostraron aliados, le dieron la espalda al oficialismo y votaron en sintonía con las necesidades de sus distritos. El ministro del Interior, Lisandro Catalán, a pesar de sus intentos de negociación, no logró contener la sangría de votos.
    La debacle legislativa deja a Milei en una situación de aislamiento extremo. Su discurso de confrontación y su rigidez fiscal lo han dejado sin puentes con un Congreso que ya no se deja intimidar. La derrota en el parlamento, sumada a la debacle electoral en el bastión bonaerense, es un claro mensaje de que la sociedad y la dirigencia política no están dispuestas a pagar cualquier costo por el “déficit cero” cuando lo que está en juego es el bienestar de los más vulnerables, la educación y los recursos de las provincias. El gobierno deberá replantear su estrategia o enfrentará un futuro cada vez más complicado.

Por Wenceslao Alvarez de Toledo

Abogado especialista en Derecho Sindical, Laboral Individual y Colectivo. Toda una vida dedicada al Sindicato y a los Trabajadores.

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